Llevo tiempo esperando cosas: novedades a mi vida, pues se acaban etapas y es como si intentara rellenar los vacíos de mi vida con ellas. He decidido tomar el camino de mi intuición, dejarme llevar por las espirales que me han guiado hasta el momento hasta lo que soy ahora, y no me arrepiento.
Sin embargo, siento que se acaba el tiempo, y no hay forma de que esas cosas lleguen. Y los huecos se empiezan a vaciar y no hay con qué llenarlos. ¿Por qué me empeño en hacerlo a la fuerza?
Recuerdo una vez una persona que me dijo que tendría que pasarme como le había pasado a ella, un año sin nada que hacer. Y tengo miedo de que llegue ese momento porque realmente puedo ser peligrosa cuando me aburro, me vuelvo una sedentaria chafasofás, y odio esa actitud que te hace ser cada vez más hogareña.
Sigo esperando...
viernes, 6 de junio de 2008
viernes, 9 de mayo de 2008
Estrés
¿Qué es el estrés? ¿Por qué lo sufrimos?
Un día alguien me dijo que el estrés era aquello que sufrían las personas cuando creían que no llegaban a todo lo que tenían que hacer. Y entonces yo pienso... ¿la solución es creer que llegamos o dejar de hacer cosas? Me he tirado toda la vida creyendo que llego y, al final siempre llego.
El proceso es mucho peor, eso sí. Dudas sobre las prioridades, saturación y esa sensación de "no sé por dónde empezar porque no voy a acabar nunca". Y el tiempo pasa, qué curioso, y todo parece reestablecerse y cerrarse como un ciclo, para dejar paso a otro ciclo... generalmente igual o similar.
Y estás pensando en acabar ciclos y ciclos para que la vida cambie y sea distinta. Y cuando te hagas mayor y te digan "ya no sirves, jubílate" tendrás la sensación esa de... ¿y ahora qué? ¿es esto lo que quería hacer? ¿ya se me acaba el tiempo?
Creo que la vida está mal organizada: deberíamos jubilarnos cuando somos jóvenes, vivir esos primeros años y llenarnos de energía para trabajar en la llamada "madurez" y, cuando llegáramos a viejos decir: ¿qué es lo que quiero hacer ahora? Quiero ser un anciano como dios manda, voy a estudiar, voy a aprender lo que yo quiera... porque quiero, y en el tiempo que yo quiera, porque sólo me va a servir para mí.
Lástima...
Un día alguien me dijo que el estrés era aquello que sufrían las personas cuando creían que no llegaban a todo lo que tenían que hacer. Y entonces yo pienso... ¿la solución es creer que llegamos o dejar de hacer cosas? Me he tirado toda la vida creyendo que llego y, al final siempre llego.
El proceso es mucho peor, eso sí. Dudas sobre las prioridades, saturación y esa sensación de "no sé por dónde empezar porque no voy a acabar nunca". Y el tiempo pasa, qué curioso, y todo parece reestablecerse y cerrarse como un ciclo, para dejar paso a otro ciclo... generalmente igual o similar.
Y estás pensando en acabar ciclos y ciclos para que la vida cambie y sea distinta. Y cuando te hagas mayor y te digan "ya no sirves, jubílate" tendrás la sensación esa de... ¿y ahora qué? ¿es esto lo que quería hacer? ¿ya se me acaba el tiempo?
Creo que la vida está mal organizada: deberíamos jubilarnos cuando somos jóvenes, vivir esos primeros años y llenarnos de energía para trabajar en la llamada "madurez" y, cuando llegáramos a viejos decir: ¿qué es lo que quiero hacer ahora? Quiero ser un anciano como dios manda, voy a estudiar, voy a aprender lo que yo quiera... porque quiero, y en el tiempo que yo quiera, porque sólo me va a servir para mí.
Lástima...
martes, 29 de abril de 2008
Jorobada de la vida
Había una vez, una niña que adoraba la libertad. Era su tesoro más preciado y lo que más deseaba en la vida. Ella estaba acostumbrada a llevar peso sobre su espalda, pero sin excesos, podía vivir con ello, era su estado normal.
Un día, la niña comenzó a sentirse más pesada de lo habitual, poco a poco se fue sobrecargando, sin darse cuenta. Sobre ella habían recaído demasiadas cosas y esto hacía mella en su espalda, en su alma, en ella. Se sentía cansada, fatigada, presa. Y, ahora más que nunca deseaba la libertad que siempre había anhelado, esa que ya ni reconocía porque hace demasiado tiempo que no la sentía.
Fue pasando el tiempo y la niña se acostumbró a ese sobre peso, aunque se daba cuenta de que su calidad de vida y nivel de ser había bajado. Ya no vivía, sobrevivía.
Un día, la niña comenzó a sentirse más pesada de lo habitual, poco a poco se fue sobrecargando, sin darse cuenta. Sobre ella habían recaído demasiadas cosas y esto hacía mella en su espalda, en su alma, en ella. Se sentía cansada, fatigada, presa. Y, ahora más que nunca deseaba la libertad que siempre había anhelado, esa que ya ni reconocía porque hace demasiado tiempo que no la sentía.
Fue pasando el tiempo y la niña se acostumbró a ese sobre peso, aunque se daba cuenta de que su calidad de vida y nivel de ser había bajado. Ya no vivía, sobrevivía.
lunes, 21 de abril de 2008
Besos
Recuerdo una vez que pedí un deseo. Lo escribí un fin de año cuidadosamente en un papel blanco, con la intención de guardarlo durante todo ese año nuevo y, si no se me cumplía, guardarlo otro nuevo año hasta que por fin se hiciera realidad.
Recuerdo que una vez alguien pidió un deseo. E hizo lo mismo que hice yo, aunque nunca nadie pudo demostrarlo. Esta persona escribía cosas en papeles que no enseñaba y guardaba objetos de personas que no los recordaban. Tuve su deseo en mis manos durante algún tiempo, con la prohibición de abrirlo, aunque más tarde supe que en ese papel nunca hubo escrito nada. Quizás no quería nada, quizás no esperaba nada concreto de la vida.
Es curioso de qué manera hice mi deseo realidad, algo que andaba esperando desde hacía mucho tiempo y la "vida" me lo había dado en unos pocos meses. Fue aquella noche, sí, en mi portería, que me subí contenta habiendo entregado el único secreto que guardaba para mí: mi deseo. Bueno, en realidad no era ningún secreto, era el papel lo que ya no estaba en mi posesión.
Unos dicen que desperté, otros que empecé a soñar. A veces la barrera está tan difusa que no puedes realmente determinar el estado de las cosas, ni siquiera de ti mismo. Menos aún de ti mismo... A partir de aquél día supe, que había personas que sabían qué pensaba sin decir nada y que eran capaces de dar lo que los demás habían estado guardando cuidadosamente. Aquél día supe que se puede despertar con un beso, con un beso...
¿dónde?
Es curioso que un beso de ese tipo signifique traición.
Recuerdo que una vez alguien pidió un deseo. E hizo lo mismo que hice yo, aunque nunca nadie pudo demostrarlo. Esta persona escribía cosas en papeles que no enseñaba y guardaba objetos de personas que no los recordaban. Tuve su deseo en mis manos durante algún tiempo, con la prohibición de abrirlo, aunque más tarde supe que en ese papel nunca hubo escrito nada. Quizás no quería nada, quizás no esperaba nada concreto de la vida.
Es curioso de qué manera hice mi deseo realidad, algo que andaba esperando desde hacía mucho tiempo y la "vida" me lo había dado en unos pocos meses. Fue aquella noche, sí, en mi portería, que me subí contenta habiendo entregado el único secreto que guardaba para mí: mi deseo. Bueno, en realidad no era ningún secreto, era el papel lo que ya no estaba en mi posesión.
Unos dicen que desperté, otros que empecé a soñar. A veces la barrera está tan difusa que no puedes realmente determinar el estado de las cosas, ni siquiera de ti mismo. Menos aún de ti mismo... A partir de aquél día supe, que había personas que sabían qué pensaba sin decir nada y que eran capaces de dar lo que los demás habían estado guardando cuidadosamente. Aquél día supe que se puede despertar con un beso, con un beso...
¿dónde?
Es curioso que un beso de ese tipo signifique traición.
miércoles, 16 de abril de 2008
Detalles con el mundo
Siempre me ha gustado la idea de hacer algo por el mundo, sentir que puedo hacer feliz a alguien, evitar que alguien se suicide... hacer cosas de esas que se consideran buenas.
Hoy creo que he tenido un detalle con el mundo. He regalado un pedazo de mí a quién lo encuentre: anda perdido en un restaurante de la ciudad, con olor a algo bueno. Lo cubre un envoltorio azul con un cordel que contiene una factura de una pizza y un agua dada de vuelta y, donde en color bolígrafo azul corriente, pone: "A quién lo encuentre. Suerte."
Lo he dejado porque me pesaba mucho, como pesan las penas y los años. Lo he dejado porque no me pertenecía, yo ya tengo otras de esas que representan para mí almas de personas que me han guiado en mi vida. Las que tengo tienen formas de espirales grabadas en sus paredes mientras que esta era blanca, sencilla...
... pero seguro que le alegra el día a esa persona.
¿Sabes qué he abandonado?
Hoy creo que he tenido un detalle con el mundo. He regalado un pedazo de mí a quién lo encuentre: anda perdido en un restaurante de la ciudad, con olor a algo bueno. Lo cubre un envoltorio azul con un cordel que contiene una factura de una pizza y un agua dada de vuelta y, donde en color bolígrafo azul corriente, pone: "A quién lo encuentre. Suerte."
Lo he dejado porque me pesaba mucho, como pesan las penas y los años. Lo he dejado porque no me pertenecía, yo ya tengo otras de esas que representan para mí almas de personas que me han guiado en mi vida. Las que tengo tienen formas de espirales grabadas en sus paredes mientras que esta era blanca, sencilla...
... pero seguro que le alegra el día a esa persona.
¿Sabes qué he abandonado?
martes, 15 de abril de 2008
¿Qué es la vida?
La vida no es ningún pasillo recto y fácil
que recorremos libres y sin obstáculos,
sino un laberinto de pasadizos,
en el que tenemos que buscar nuestro camino,
perdidos y confusos, detenidos,
de vez en cuando, por un callejón sin salida.
Pero, si tenemos fe, siempre se abre
una puerta ante nosotros;
quizá no sea la que imaginamos,
que recorremos libres y sin obstáculos,
sino un laberinto de pasadizos,
en el que tenemos que buscar nuestro camino,
perdidos y confusos, detenidos,
de vez en cuando, por un callejón sin salida.
Pero, si tenemos fe, siempre se abre
una puerta ante nosotros;
quizá no sea la que imaginamos,
pero si será, finalmente,
la que demuestre ser buena
para nosotros
para nosotros
A. J. CRONIN
domingo, 13 de abril de 2008
Amélie es como un guía

Hacía tiempo que no veía cosas que me hicieran cambiar mi forma de ver el mundo. A veces es necesario observar ciertas imágenes que te hagan reflexionar fuera de las preocupaciones diarias. ¿Sabes qué necesito ver en cuestión de días...?
Mi película favorita. Tú sabes cuál es: aquella que nunca quisiste ver conmigo. Bueno, sí, una vez pero ni siquiera le prestaste atención y pensaste que era una película más. Pero sabes que no lo era... ni lo es.
Necesito ponerme ese film para sentir que la vida tiene sentido, porque a veces nos olvidamos de ver la esencia de esas pequeñas cosas a nuestro alrededor. Zarpamos a un mundo de espirales que no nos deja apreciar cada momento, cada situación.
Y a veces necesito volver a ver esa película, porque es de las pocas que me devuelven mi niñez: algo que nunca he querido perder.
Mi película favorita. Tú sabes cuál es: aquella que nunca quisiste ver conmigo. Bueno, sí, una vez pero ni siquiera le prestaste atención y pensaste que era una película más. Pero sabes que no lo era... ni lo es.
Necesito ponerme ese film para sentir que la vida tiene sentido, porque a veces nos olvidamos de ver la esencia de esas pequeñas cosas a nuestro alrededor. Zarpamos a un mundo de espirales que no nos deja apreciar cada momento, cada situación.
Y a veces necesito volver a ver esa película, porque es de las pocas que me devuelven mi niñez: algo que nunca he querido perder.
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